Una explosión expresiva

Desde el bar de la FM 100 se escucha al conductor de Lalo por hecho, que desde 2007 sale al aire de lunes a viernes de 9 a 13. De pronto, silencio. Se lo ve salir rápidamente del estudio y entrar a otra habitación. Regresa y a los pocos minutos vuelve a escucharse su voz, activo, alegre, despierto, juega con Maju Lozano, juega con la música. Vuelven a callar las voces. A paso rápido llega Lalo Mir.

—Fuiste nominado por los premios Tato a mejor conducción masculina en cable…

—¿Los premios Tato? ¿En conducción masculina? Me estás dando la noticia. El otro día “Encuentro en el estudio” ganó el Martín Fierro a mejor programa de cable, pero lo otro no lo sabía – se ubica sobre el grabador y locuta – Estoy recibiendo esta información con mucha alegría – risas – Soy un tarado, no me fijo en nada.

“Bienvenidos los premios, son una caricia para el alma, para el ego y para la vanidad”, dice, aunque admite que es necesario “bajarle un poco el timbre porque terminan haciendo ruido cuando estás muy pendiente”. También recuerda que cuando era más joven estaba más expectante, pero ahora la pasión está puesta en hacer lo que hace. “No es que paso del premio, son alicientes, incentivan y son del público”, aclara.

El locutor elige la televisión cuando necesita mostrar visualmente lo que pasa en su cabeza, que en la radio “es un trabajo de la imaginación”. Compara este último medio con la literatura: “Es un mundo de palabras donde la imagen se forma en la cabeza  y es muy subjetivo, todos imaginamos algo diferente”. En cambio, la tele “te plasma imagen, tiene menos fantasía y pesa más la imagen”.

En cuanto al horario de Lalo por Hecho, el conductor lo considera como el “más cómodo por excelencia”. “Al empezar a las 9 como un trabajo normal y la 1 ya estás hecho, con el cuerpo descansado, se dan una serie de cuestiones técnico-químicas que son maravillosas. Más allá de eso, a mi me gusta la mañana”, reflexiona.

Con respecto a cómo es estar en la FM más escuchada del país, afirma que ha pasado por tantas radios que uno termina adaptándose y el medio adaptándose a uno. “Lalo por hecho está en un momento muy fácil, divertido, insospechado, sorprendente, fue evolucionando”. Según su propio análisis, el primer año se metieron en la estructura de la radio, el segundo sacaron sus personalidades y el tercero fue el de afianzamiento del equipo. “Ahora es como surfear y dejar que nuestra cabeza juegue más”, confiesa.

— ¿Cómo te sentís con a la cantidad de tiempo que ocupa la música en el programa?

—Ahora estamos más del doble al aire de lo que estábamos cuando empezamos, ganándole al horario musical. Cuando estamos enganchados, estamos en bloques muy hablados y de golpe nos gana la música. Pero yo ya no estoy para estar las 4 horas enchufado como estaba en la AM, mejor descansar, hacerlo de a ratos.

Las últimas palabras las dice alejándose, tiene que volver al aire a seguir con Lalo por Hecho. Así es su ritmo. Va y viene de a ratitos. Rápido, enérgico. Después de unos minutos regresa, se sienta y se desploma sobre la mesa.

 

—¿Qué lograste con Lalo por Hecho que no encontraste en otros programas?

—Cada programa es tan diferente, tiene que ver con la química de la asociación de personas. Yo nunca había trabajado con Maju, es una chica del interior como yo, con un humor fresco y una espontaneidad parecida a la mía.  Pero tenemos dos bagajes culturales y dos historias diferentes y eso es riquísimo. En épocas me tocó establecer esa química con otras personas y mi carrera tiene que ver con el libre albedrío, con mi blandura y no resistencia a incorporar gente que no conozco.

            Para cada programa, Lalo “arrastra” lo anterior de la experiencia y de la gente, al que se suma lo nuevo. “Ahí se arma una especie de caldo de cultivo nuevo que da otra cosa”. Confiesa que él suele “pinchar” a las personas para que se “saquen” y “exploten” expresivamente. Además, admite que sus “temas” son los mismos que los de todo el mundo (“la muerte, el amor, la vida, la política, la locureta”). “La personalidad de cada uno lo hace diferente, pero las palabras son lo mismo: mesa es mesa, silla es silla, amor es amor,  me cagó es me cagó, la puta que te parió es la puta que te parió –  continua –  estamos encerrados en eso, construyendo con eso, tejiendo con eso, pintando con eso”.

Sin embargo, reconoce que no extraña los programas anteriores, porque “es muy intenso lo que me pasa en cada ciclo”. “El anterior desaparece, aparece hoy que vos me estas preguntando, aparece en sueños, aparece cuando veo una foto”, expresa.

—En una entrevista dijiste que idea de la radio es sonidos y silencios y jugar con eso, sin embargo, desde 1980 la FM, que era pura musicalización, cambió y se pareció mucho a la AM, pero más relajada. Después la AM se acercó mucho al estilo de la FM…

—Todo va a terminar en la nada. Porque en realidad las AM retransmiten a todo el país a través de FM. Hay un cruce de convenciones.

—Pero hay un juego en la radio que fue cambiando…

—La manera de contarlo no cambio tanto tampoco, se va modificando el diseño. Cuando llegó Radio Bangkok estábamos a dos o tres años de Alfonsín, el regreso a la democracia, el Paracultural, Einstein, Cemento, Palladium, Bajo tierra. Y nosotros formábamos parte de esa locureta … Cambia la sociedad, cambia el humor, cambian los códigos. No la radio, nosotros cambiamos. La radio es una antena y un aparato. Si no éramos nosotros en Bangkok otros iban a hacer algo parecido que hubiese roto con el esquema anterior.

Con la forma de hacer radio actual, Lalo dice tener un prejuicio por ser de “la radio anterior donde todo estaba estéticamente probado”: su sensación es que habla cualquiera. Para él, falta locución, construcción periodística, armonía, el “te cuento la noticia como en un diario”. “Es gente que no le entendés ni lo que dicen ni a donde van, ¿yo tengo ganas de escuchar algo que no sabes a donde van? A mí me gusta el cuento que empieza, tiene un desarrollo y un remate”, explica. Según su visión, lo importante es que lo hagan bien: “Cuando la radio está mal hecha me suena mal y al arquitecto le debe pasar con el que hace un edificio de mierda, que meten a la gente en unos palomares. Eso también es una deformación de la sociedad, no de los medios. Mucho mercantilismo, mucho power, mucho quiero plata. Y las cosas se van a la mierda, ¿no?”.

En la formación de la radio del Borda, La colifata, también participó Lalo (“Sólo soy el padrino, una vez me trajeron una cinta, la escuché y dije vamos con esto para adelante porque era maravilloso”). Confirma que ya tienen equipo, falta la antena y que el plan es que sea una radio de la nueva ley de medios con su autonomía presupuestaria.

—Ahora al Borda lo están prácticamente desmantelando para construir el Centro Cívico…

—El borda habría que desmantelarlo, no hay que hospitalizar a los locos. Los hospitales deben tener, como el Fernández y el Churruca tienen el área de hepática, de infecciosa, tiene el de psicótica. Cuando estás psicótico te internan y después que te cuide tu familia como a cualquier enfermo, ¿qué es esto de meterlo en una cárcel? El principio de hospitalización psiquiátrica para mi es del a Edad Media, es sacarse a la gente de encima.

—Pero hay talleres de reinserción laboral, como el Pan del Borda, que no se pueden hacer más porque esa zona la tiraron a bajo y no lo reubicaron.

—Todo se puede seguir haciendo, van a tirar abajo un pedazo. Para el político un centro cívico es más mucho más importante, hablemos claro. El político es político, tiene una dimensión cósmica de las cosas. Se cree un hombre serio y está mal de la cabeza. Le estamos pidiendo peras al olmo. Y el pan que lo haga en otro lado, busquen los medios. Y vos por ahí te rompiste el culo para que hagan la fábrica de pan… y ¡bueno!

Con respecto a la polaridad política, afirma que siempre existió: “La Argentina se construye sobre este modelo de conflicto permanente entre dos sociedades antagónicas”. Sin embargo, ahora está más “exacerbado porque los “k” son un poco más talibanes”. “Me gustaría que evolucione, se construye mucho más fácil cuando estableces reglas claras con el otro y no jugás por atrás todo el tiempo, que es lo que hacen y alimenta la corrupción y tapa cosas – continúa Lalo – El ladrón y la democracia no van. A mayor corrupción menor democracia. Robar en el estado en una democracia es lo peor”.

—“Por lo menos no roba tanto” se suele decir…

-Eso es tremendo, de una precariedad, de una involución, de un atraso de la colonia. Hay que desarrollar sistemas trasparentes para que nadie robe y al que roba que le metan un palo en el ojete y todo empieza a funcionar. Cuando hay mano negra la energía está cagada porque algunos se los lleva y otro no. Un funcionario sospechado como en cualquier lugar del mundo tendría que renunciar. Acá nadie renuncia, nadie da un paso al costado, nadie dice bueno “investíguenme”. Todos tapan, embarran la cancha. Es la gran deuda del estado y de la política de no transparentarse y de seguir siendo un currito.

 

Audio de la entrevista a Lalo Mir:

Entrevista a Lalo Mir by Radiófilos

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